La Importancia Radical de la Medicina en base a la Herbolaria: el 75% de la población mundial depende de la medicina tradicional

 
Estos conocimientos transmitidos a lo largo de la historia de la humanidad en forma oral, quedaron posteriormente plasmados en abundantes documentos que pertenecen a diferentes generaciones, destacando en todos ellos, lo referente a las especies vegetales que eran objeto de uso medicinal, a la forma en que eran preparadas y a la patología que estaban destinadas (Concepción, N., 2000).

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Esta información se reveló en diferentes documentos como el papiro de Ebers, de 20 m de longitud descubierto en 1873 por el egiptólogo alemán Georg Ebers; éste se considera el primer documento escrito (1,700 años a.C) sobre fitoterapia (tratamiento de las enfermedades a través de las plantas); otro ejemplo son las tablillas babilónicas, que describen más de 250 especies de plantas con virtudes curativas. Se conservan además, aportaciones realizadas por las civilizaciones griega y romana, en las que destaca la efectuada por Dioscórides (a quien se le conoce como el padre de la fitoterapia, por sus contribuciones al desarrollo de ésta), en cuya obra “De Materia Médica” describe alrededor de 600 especies vegetales, así como las enfermedades en las que estaba indicado su uso.

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Los griegos supieron aprovechar su herencia y dieron un sentido científico al uso de las plantas medicinales: a cada enfermedad le aplicaban un remedio herbal, y siempre era el mismo. Hipócrates, quien vivió en el siglo V a. C., siguió aplicando el mismo método, describiendo las plantas curativas, uso y dosis de administración; hoy es considerado el padre de la medicina.
 
Sin embargo, a pesar del uso de las plantas o de partes de las mismas con fines curativos, hasta mediados del siglo XIX se contó con los medios y conocimientos necesarios para que su uso estuviera dotado de base científica, gracias al aislamiento e identificación de los principios activos de especies como la digital, belladona y la quina.
 
Además, se estableció la relación causa-efecto, es decir, se investigó el efecto que ocasiona sobre un animal, una determinada sustancia extraída de una planta. Después de
esto, la industria química y farmacéutica sintetizó en el laboratorio muchas sustancias extraídas de los vegetales, para producir medicamentos que sustituyeran a los tradicionales tratamientos con hierbas.
 
En las últimas décadas del siglo XX, parte de la población se rebela ante la industria que llena el mercado de productos sintéticos, algunos de ellos nocivos para la salud o para el medio ambiente, y busca el vivir de la forma más natural posible, en la que no pueden faltar las hierbas en el tratamiento de las enfermedades.
 
En México, se ha contado desde tiempos prehispánicos con una gran tradición de métodos curativos, información que se transmite de manera oral, de generación en generación.
 
Se considera que el Códice Badiano fue el primer tratado de herbolaría mexicana, escrito en lengua Náhuatl por el Xochimilca Martín de la Cruz en el siglo XVI; tiempo después en 1552, Juan Badiano lo tradujo al latín, de ahí el nombre “Códice Badiano” (Adame. M„ 2000).

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Perspectiva global de la herbolaria
La Organización Mundial de la Salud (OMS), define a la medicina tradicional como “prácticas, enfoques, conocimientos y creencias sanitarias diversas que incorporan medicinas basadas en plantas, animales y/o minerales, terapias espirituales, técnicas
manuales y ejercicios aplicados de forma individual o en combinación para mantener el bienestar, además de tratar, diagnosticar y prevenir enfermedades” (OMS, 2002).
 
En países donde predomina la medicina alopática, o donde la medicina tradicional no se ha incorporado en el sistema sanitario nacional, ésta se clasifica a menudo como medicina “complementaria”, “alternativa” o “no convencional”. El uso de
la medicina tradicional predomina en los países en vías de desarrollo ya que está firmemente arraigada en los sistemas de creencias; sin embargo, en los países desarrollados el uso de la medicina tradicional va en aumento (OMS, 2002).
 
De acuerdo a la OMS, el 80% de los habitantes del planeta dependen principalmente de la medicina tradicional para el cuidado de salud primario (Eloff, J., 1998), en donde
las plantas constituyen el principal componente de este tipo de medicina, por lo que dada la popularidad mundial de las medicinas a base de hierbas, es urgente disponer de los medios apropiados y eficaces para valorarlas (OMS, 2002; Rojas, G., 2001; Agosta, W., 1997).
 
En Asia y en Latinoamérica, las poblaciones la siguen utilizando como resultado de circunstancias históricas y creencias culturales y en China, la medicina tradicional ocupa alrededor de un 40% de la atención a la salud. En muchos países desarrollados, la
medicina complementaria o alternativa se está haciendo cada vez más popular.
 
El porcentaje de población que la ha utilizado al menos una vez, es de un 48% en Australia, un 70% en Canadá, un 42% en Estados Unidos, un 38% en Bélgica y un 75% en Francia; se estima que en el mercado mundial se gastan alrededor de 60 millones de dólares en medicinas elaboradas con hierbas, basadas en el conocimiento tradicional.
 
Entre los productos herbolarios más populares se incluyen al ginseng, ginkgo, ajo, echinacea y la hierba de San Juan (OMS, 2002).
 
Científicamente se ha reconocido la eficacia de muchos productos herbolarios; algunos extractos de plantas han demostrado tener una variedad de efectos farmacológicos, entre los que se incluyen efectos antinflamatorios, vasodilatadores, antimicrobianos, anticonvulsivantes, sedantes, antipiréticos, entre otros (Zollman, G, 1999),
 
Los gobiernos de diversos países están respondiendo ante el creciente uso de la medicina tradicional y junto con la OMS, se están enfocando en regular la medicina herbolaria.
 
El número de Estados miembros de la OMS para esta regulación aumentó de 52 en 1994 a 64 en 2000, sumándose en ese año, Australia, Canadá, Madagascar, Nigeria y Estados Unidos (OMS, 2002).
 
En algunos países en vías de desarrollo es cada vez mayor el número de institutos de investigación nacionales sobre medicina tradicional, esto también es un signo de su creciente importancia.
 
De hecho, en algunos de estos países la medicina tradicional está
más disponible que la medicina alopática, pero hay que tener presente que las plantas medicinales no son inocuas, además de el efecto terapéutico pueden tener efectos secundarios, contraindicaciones o interacción con medicamentos convencionales lo cual implica riesgos (Farmacopea Mexicana, 2001).
Extracto de Libro:

Alejandro Vega Ossorio

Director técnico de Corporación Planetarios.

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