Año Nuevo Chino: 4716 Años desde la Coronación del Legendario Emperador Amarillo

El 28 de enero de 2017 se celebra el Año Nuevo del calendario tradicional chino. Es el inicio del año 4715, un año bajo el signo del Gallo. Sin embargo, el inicio del año anterior, el 4714, se celebró el 8 de febrero de 2016 y el siguiente se celebrará el 16 de febrero de 2018. Y es que la fecha del primer día del calendario chino, cuando la referimos a nuestro calendario gregoriano, varía de un año a otro, pero siempre cae entre el 21 de enero y el 21 de febrero. ¿A qué se debe esta variación?

Regla fácil

El Año Nuevo Chino se celebra en la fecha de la segunda luna nueva tras el solsticio del invierno boreal (es decir, del hemisferio norte).

Esta fecha está referida al meridiano 120 Este, cercano a Pekín, que sirve de referencia para la hora oficial de toda la República Popular de China desde 1929. La regla es válida para la gran mayoría de los años y su razón hay que buscarla en que, a diferencia de nuestro calendario gregoriano, que es puramente solar, el calendario chino es de tipo lunisolar. Como en el gregoriano, en el calendario chino la duración del año está determinada por el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta completa en torno al Sol (365,24 días). Sin embargo, a diferencia del calendario gregoriano, la duración de los meses chinos está determinada por la duración real de una lunación (que varía entre 29,27 y 29,83 días).

Naturalmente interesa que los meses tengan un número entero de días y que los años tengan un número entero de meses. Para lograrlo, el calendario chino contempla meses de 29 o 30 días y los años se dividen en meses de acuerdo con el ciclo de Chang (conocido en Occidente desde la civilización griega como ciclo de Metón).

Este ciclo se basa en que 19 años solares corresponden, con una precisión de dos horas, a 235 lunaciones ó 6.939,55 días. Cada periodo de 19 años puede pues descomponerse en 12 años ‘comunes’ de 12 meses lunares y 7 años ‘embolismales’ de 13 meses. Años embolismales fueron, por ejemplo, los que se iniciaron en 2012 y 2015. Los años ‘comunes’ pueden tener 354 o 355 días, mientras que los años ‘embolismales’ pueden tener 383 o 384 días. Son las complicaciones que resultan al tratar de compaginar el movimiento de la Tierra en torno al Sol con el de la Luna en torno a la Tierra.

Los meses del calendario chino comienzan en cada luna nueva y están divididos en 3 semanas de 10 días. Cada día comienza a media noche y se divide en 12 unidades, cada una equivalente a 2 horas de tiempo universal.

Según la tradición, el origen del calendario chino a partir del que se cuentan los años, se sitúa en el año de la coronación del legendario Emperador Amarillo o Huangdi, el año 2698 a. C., por eso al año 2017 gregoriano le corresponde el año 4715 chino. Pero hay varias convenciones para enumerar los años y, dependiendo de la época adoptada, este año puede ser el 4714 o el 4653.

Calendario complejo

Además de los meses lunares, el calendario chino también se divide en 24 particiones de carácter solar (Jioqi) que se corresponden con 24 secciones de 15 grados en el recorrido de la Tierra en su órbita en torno al Sol.

Hay muchísimas otras complicaciones en este calendario. Por ejemplo, el ciclo de 24 Jioqi solares naturalmente no coincide con el de los 12 (o 13) meses lunares, lo que introduce desfases entre las dos numeraciones. Las reglas para intercalar el mes adicional en los años embolismales no son sencillas. Hay que duplicar uno de los 12 meses básicos, pero solo está permitido hacerlo para algunos de ellos, manteniendo siempre el solsticio de invierno en el mes 11, etc. Tradicionalmente, los calendarios se definían con antelación de acuerdo con las previsiones de los astrónomos que respondían con su vida de los posibles errores. Desde 1949 el calendario se fija en el Observatorio Astronómico del Monte Púrpura en Nankín.

Doce animales

Los años del calendario chino se agrupan en ciclos de 60 años similares a nuestros siglos. Cada uno de estos ciclos resulta de la combinación del par yin-yang, los cinco elementos celestes (metal, agua, madera, fuego y tierra) y las doce ramas terrestres (representadas por los doce animales: rata, buey, tigre, conejo, dragón, serpiente, caballo, cabra, mono, gallo, perro y cerdo). Aunque hay 120 combinaciones posibles, tan solo se considera la mitad de ellas siguiendo un orden riguroso (hay 60 combinaciones que no se usan). Por ejemplo, el año 2016 fue un año bajo el signo del dragón, el fuego y el yang, mientras que el 2017 es un año del gallo, del fuego y el yin.

Toda esta simbología da pie a una astrología refinadísima. Los cinco elementos chinos van asignados a planetas: el metal a Venus, la madera a Júpiter, el agua a Mercurio, el fuego a Marte y la tierra a Saturno. El signo del zodíaco en el año del nacimiento, las posiciones de los planetas, del Sol y la Luna, etc, determinan el destino y la personalidad de una persona, según los astrólogos chinos. Como sucede en la astrología occidental, no hay ninguna base científica en todas estas creencias.

Alejandro Vega Ossorio

Director técnico de Corporación Planetarios.

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