Un peón ha caído, sin embargo un rey más se levantará, David Rockefeller muere a sus 101 años

Dejando de lado el numero cabalístico que envuelve la muerte de este personaje, tema el cuál abordaremos más adelante, el fallecimiento de David Rockefeller ha desatado un gran debate sobre su labor en vida. Mientras algunas personas defienden su figura y estiman que fue un gran benefactor y humanista, otros lo acusan de haber creado grupos exclusivos de poder para controlar la política mundial y beneficiar económicamente a determinadas personas.

 

Considerado como el hombre más rico de la historia moderna. Poseía una fortuna que ascendía a cerca de 3.000 millones de dólares y se cree que donó alrededor de 2.000 millones a diferentes entidades educativas y culturales. Para alcanzar esa edad, se sometió a seis trasplantes de corazón y dos de riñón.

El difunto era el último miembro de su generación de una de las familias más acaudaladas del planeta. Su abuelo, John D. Rockefeller, fundó y presidió la gran petrolera estadounidense Standard Oil en 1870, con la cual amasó un patrimonio superior a 1.400 millones de dólares, ganancias que convirtieron a los miembros de su familia en los primeros multimillonarios de EE.UU.

 

Imposible hablar mal de él, ¿verdad medios de comunicación?

Con su muerte, los medios de comunicación se han encargado de vender y forjar encarecidamente una imagen de buena persona, filántropo y gran samaritano que donaba grandes cantidades de dinero en pos de su gran corazón, que a propósito, desde su primer trasplante en 1976, recibió un total de 6 corazones, siendo el último a sus 99 años, los cuales sirvieron para mantener la vida de uno de los elitistas más odiados del mundo en muchos círculos.

No olvidemos, que en una cena con embajadores de la ONU, David Rockefeller dijo:

 

 “Estamos al borde de una transformación global. Todo lo que necesitamos es una gran crisis y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial”.

El magno objetivo de estas sagas de banqueros internacionales, a la cual David Rockefeller pertenecía y dirigía, lo enunció perfectamente uno de sus máximos despliegues de sinceridad: “De lo que se trata es de sustituir la autodeterminación nacional, que se ha practicado durante siglos en el pasado, por la soberanía de una elite de técnicos y de financieros mundiales”.
David Rockefeller fue el conspirador mundial por excelencia, el Rey de los cenáculos ocultos. A sus órdenes trabajaron los agentes secretos de la CIA, el MI6, el MOSSAD y especialmente la INTERPOL, que es obra suya.  Ningún medio de comunicación masivo se atrevería jamás a desvelar los planes secretos de Rockefeller y sus amigos. Siempre guardaron un sospechoso silencio en torno a las secretas actividades de las dinastías de banqueros norteamericanos: los Morgan, los Davison, los Harriman, los Khun Loeb, los Lazard, los Schiff o los Warburg y, por supuesto, los Rockefeller.
En 1991, en referencia al informe del Centro para el Desarrollo Mundial, David Rockefeller confesó: “estamos agradecidos con el Washington Post, el New York Times, la revista Time, y otras grandes publicaciones cuyos directores han acudido a nuestras reuniones y han respetado sus promesas de discresión (silencio) durante casi 40 años. Hubiera sido imposible para nosotros haber desarrollado nuestro plan para el mundo si hubiéramos sido objeto de publicidad durante todos estos años”.
David Rockefeller, no solo trabajó, al igual que su padre y abuelo, como banquero y petrolero, sino que también estuvo envuelto en los servicios secretos durante la II Guerra Mundial y abrió el camino para la creación de la ONU en 1945, cuya sede principal se encuentra en un terreno donado por él en Nueva York. Se codeó con los principales mandatarios del siglo XX. Dirigió los lobbys más poderosos del mundo, como el CFR, el Club de Bilderberg y la Comisión Trilateral.
Como buenos banqueros sin escrúpulos, los Rockefeller apoyaron y financiaron a los nazis alemanes. Incluso se permitieron reescribir la historia. La Fundación Rockefeller invirtió 139.000 dólares en 1946 para ofrecer una versión oficial de la II Guerra Mundial que ocultaba la realidad acerca del patrocinio de los banqueros internacionales con el régimen nazi, que también obtuvo los favores de su empresa más emblemática: la Standard Oil. Las iniciativas de esta Fundación, que también ha financiado grupos como los Hare Krishna o los rosacruces de AMORC, son a veces sorprendentes.
David Rockefeller, al que el presidente Carter le ofreció dirigir la Reserva Federal (declinó a favor de su amigo Volcker), se rodeó de lugartenientes tan poderosos como Henry Kissinger, Zbigniew Brzezinski, Lord Carrington y Etienne Davignon, que también merecen ser citados aquí.

¿Después de su muerte, ahora qué?

Aunque aún no hay información concreta, se especula con que el testamento del finado establezca que todo su patrimonio quede en manos de sus seis hijos. No obstante, algunos analistas recuerdan que, por tradición, gran parte de la herencia podría ir a parar a las fundaciones a las que daban nombre, a la Universidad de Harvard (Massachusetts, EE.UU.) o a la agrupación filantrópica The Giving Pledge, un club mundial de grandes donantes organizado por Warren Buffet y Bill Gates.

Se va pues, una de las figuras más oscuras de las élites, aunque deja tras de sí gran cantidad de sombras, muerte y maldad como obra en la tierra.

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