Claves Masónicas de la Casa Blanca

 

Aspecto de la Casa Blanca en 1817, lado sur | Crédito: White House Historical Assoc.

La vinculación de la Casa Blanca con la masonería se remonta al 12 de octubre de 1792. Aquel día, la taberna ‘Fountain Inn’ de Georgetown —hoy uno de los barrios históricos de Washington D.C.— era un hervidero de gente. Multitud de vecinos habían acudido hasta allí para presenciar la ceremonia de colocación de la primera piedra de la que iba a ser la “Casa del Presidente” (así se le llamaba entonces).

Entre la multitud destacaba un grupo de hombres ataviados con vestiduras masónicas, que iniciaron la marcha hasta el lugar de la construcción. Una vez allí, el Maestro de la Logia nº 9 de Maryland —el español Pedro Casanave— ofició la ceremonia, colocando la piedra fundacional en la esquina sudoeste del solar y depositando una placa metálica que conmemoraba el acto.

Entre los presentes, además de los comisionados del distrito federal y los curiosos de Georgetown y poblaciones vecinas, se encontraba el arquitecto del edificio, el irlandés James Hoban, quientambién era un hermano masón.

Tras la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos,Hoban había decidido probar suerte en la nueva nación, así que abandonó su patria y se estableció en Charleston. Fue allí donde el arquitecto irlandés tuvo la ocasión de conocer a George Washington, primer presidente de los EE.UU., y también miembro de la masonería.

Aquel primer encuentro fue fructífero, pues cuando algún tiempo después Washington convocó un concurso para la construcción de la futura Casa del Presidente, escogió —entre docenas de propuestas—, el diseño realizado por el joven James Hoban. Para entonces (julio de 1792), Hoban ya era miembro de la Logia nº 9 de Maryland

Entre los distintos edificios de su patria natal que le inspiraron para diseñar la Casa Blanca se encontraba un edificio de Dublín, la llamada Leinster House. Esta mansión había sido construida porJames Fitzgerald —Duque de Leinster— quien, según varios autores, era también masón y fundador de una logia de Kilwinning. Al parecer, Fitzgerald empleó la mansión de Leinster para celebrar las ‘tenidas’ —reuniones— de su logia.

En cualquier caso, no existe ninguna razón para sospechar que Hoban realizara un diseño similar al de Leinster House por sus supuestas vinculaciones con la masonería. De hecho, lo más probable es que su decisión tuviera únicamente un sentido estético, pues era un edificio que conocía de sus años en Dublín.

Por otro lado, sí hay otras vinculaciones entre la Casa Blanca y la masonería. Poco después de que Hoban y sus hermanos masones de la Logia nº 9 de Maryland celebraran la ceremonia de la primera piedra, los obreros comenzaron los trabajos de construcción bajo las órdenes de Colin Williamson, jefe de obras de origen escocés.

Williamson era sobrino de John Suter, propietario de la ‘Fountain Inn’ (donde se celebraban las ‘tenidas’ de la logia de Maryland). Ambos —tío y sobrino— eran masones. Suter pertenecía a la Logia nº 9 y Williamson pertenecía a una logia escocesa.

La participación de Williamson en las obras se prolongó hasta 1794, cuando discutió con Hoban y cesó su colaboración. Aquel contratiempo obligó a buscar nuevos obreros, que finalmente llegaron desde Escocia. Concretamente, la mayor parte de los trabajadores eran masones de la Logia nº 8 de Edimburgo.

Algunos de aquellos masones llegados desde Edimburgo para trabajar en la Casa Blanca se quedaron en los EE.UU. al terminar la obra, y acabaron formando parte de la Logia Federal nº 15 de Maryland, creada en septiembre de 1793 por el propio James Hoban.

Curiosamente, durante las obras de remodelación de la Casa Blanca realizadas por el presidente Harry Truman —otro masón, por cierto— en 1949, se descubrieron algunas piedras con las marcas de cantería usadas por los masones de Edimburgo. Estas piedras fueron repartidas por Truman entre varias logias masónicas del país.

Washington colocando la primera piedra del Capitolio, ataviado con ropas masónicas.

Menos de un año después de la llamativa ceremonia de fundación de la Casa Blanca, la escena volvió a repetirse en el solar del Capitolio. El 18 de septiembre de 1793, un grupo de personas, entre ellas numerosos miembros de varias logias masónicas, desfilaron solemnemente hasta el lugar elegido.

Una persona destacaba entre las demás: el mismísimo George Washington, que iba ataviado con las prendas masónicas habituales. Fue él quien ofició la ceremonia, colocando la primera piedra y acompañando el acto con vino, maíz y aceite, símbolo del “refresco, la abundancia y la alegría”, respectivamente. Hoy, numerosas pinturas, grabados y relieves —como el existente en una de las puertas del Capitolio— rememoran el episodio de aquel día.

A pesar de lo llamativo que estos actos puedan parecernos hoy y de lo que aseguren algunos rumores y “teorías conspiranoicas”, estas ceremonias masónicas —y la vinculación de personajes relevantes en el nacimiento de los EE.UU. con dicha hermandad  no implican que la masonería estuviera detrás de la revolución americana, ni tampoco de la creación de la nueva nación ni de la construcción del distrito federal.

La pertenencia a la masonería era algo más que habitual en aquellas fechas a ambos lados del Atlántico, en especial entre ciertos círculos, y las ceremonias de colocación de la piedra fundacional eran también de uso corriente, no solo entre los masones, al igual que sucede hoy en día.

De hecho, hoy en día logias masónicas de todo el mundo siguen realizando inauguraciones similares en hospitales, colegios o universidades, con la única finalidad de “desear” un buen fin a las actividades que allí se van a realizar.

Teniendo en cuenta que varios masones ocuparon cargos de importancia en el nacimiento de la capital federal, no es extraño que quisieran “dar inicio” a la nueva nación de la mejor forma posible, mediante un acto que para ellos era de gran importancia y estaba cargado de ideales con profundo significado.

Por Javier García Blanco/yahoo noticias

 

Alejandro Vega Ossorio

Director técnico de Corporación Planetarios.

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