Atlántida: Nueva Evidencia Egipcia

¿Nueva evidencia egipcia sobre la tradición de la Atlántida?

La numerosa flota de barcos de Sesostris III como posible símbolo de la tradición sobre la numerosa flota naval de Atlantis.

Nueva hipótesis atlantoloógica. Por Georgeos Dióaz-Montexano, President Emeritus of Scientific Atlantology International Society (SAIS), Accepted Member of The Epigraphic Society, Historical-Scientific Atlantology Adviser for National Geographic Channel, James F. Cameron and Simcha Jacobovici.

Todas las personas que habéis estado siguiendo mis investigaciones, especialmente quienes han leído mis libros, conocen de mi hipótesis sobre como justo en este mismo periodo de la Dinastía XII (Imperio Medio) en los cuales reino Sesostris III (hacia el 1850 AC), se inició la tradición de presentar ciertos enigmáticos mapas sobre las paradisiacas regiones insulares del Más Allá en el Occidente o el Ocaso (Amenti y Hetep).

En tales mapas se representó, justo enfrente de un estrecho (¿Estrecho de Gibraltar?) una isla con un texto más que revelador: “Ésta es la región de las islas del Hetep (región de las islas del Ocaso, de las islas de la Paz, de las islas de la Felicidad, de las islas Afortunadas, de las islas de las Ofrendas). Éste es el Gran Mar verdeazulado de aguas frías donde se halla la Isla de los Dioses, cuya longitud y anchura no conoce ni siquiera Osiris” (¿Océano Atlántico?).

Dos de los primeros mapas de mapas sobre las paradisiacas regiones insulares del Más Allá en el Occidente o el Ocaso (Amenti y Hetep) creados en los tiempos de la Dinastía XII, cuando reinaban los reyes del linaje de los Sesóstridas, en los mismos tiempos en que los egiptólogos datan la tumba naviforme de Sesostris III con al menos 120 barcos representados. Justo enfrente de un estrecho (¿Estrecho de Gibraltar?) una isla con dos islas más pequeñas por su parte meridional. Los textos asociados la identifican con la “Isla de los Dioses” que se halla en el Gran Mar verdeazulado de aguas frías, cuya longitud y anchura no conoce ni siquiera Osiris” (¿Océano Atlántico?).

Después de analizar estos primeros mapas representados en el Imperio Medio, de estos mismos tiempos de Sesostris III, y todos los que se continuaron haciendo después hasta la época de los romanos, llegue a la conclusión de que esa isla en la cual se representada, justo en su mitad (tal como se indica en el Critias) una ciudad sagrada descrita como “la ciudad entre aguas o ciudad acuática”, con un largo canal abierto hasta el mar, en dirección Sur (justo como se describe en el Critias), no podría ser otra que la misma isla que Solón tradujo al griego como Isla de Atlantis, nombre que se traduce literalmente como: “Isla de la descendencia de Atlas”.

Este dios, Atlas, era para los griegos el equivalente del dios egipcio Schu o Shu, quién como Atlas era el dios que sostenía/levantaba/soportaba el peso del techo o bóveda del cielo. Él mismo dios, Schu/Atlas, aparece representado frente a la isla en la mayoría de los mapas, y con textos donde claramente se dice: “el lugar de los descendientes de Schu”. Literalmente: “los de la sangre de Schu” (Otras veces se indicaba como: “los legítimos herederos de Schu”. De modo que el nombre de la isla Atlantis, que como se afirma en el Critias es una traducción que “Solón hizo de los nombres originales, al ver que los egipcios habían hecho lo mismo antes”, es, ciertamente, una perfecta traducción desde el egipcio para referirse a esta Isla de los Dioses donde moraba la descendencia de Schu.

El lector podrá comprobar como en mis hipótesis manejo la posibilidad de que justo en estos tiempos comenzaran las primeras expediciones colonizadoras de los atlantes hacia el interior del Mediterráneo, donde intentaron dominar a los griegos de aquellos tiempos y a los mismos egipcios, tal como se indica en el Timeo y en el Critias de Platón y en otros textos antiguos.

Resulta cuando menos “curioso” la cantidad tan grande de barcos representados en este monumento, que de paso sea aclarado es algo único, sin precedentes conocidos en todo el Antiguo Egipto. Se ha logrado contabilizar unos 120 barcos, pero como falta estuco en algunos tramos de las paredes es posible que hubiera algunos más.

En el relato de la Atlántida se nos dice que la flota naval atlante constaba de un total “de 1200 naves” (“διακοσίων καιὶ χιλίων νεωῶν.” Cri. 119b), lo cual se consiguió por la aportación que cada uno de los diez reinos de la Atlántida debían hacer de 120 barcos.

No parece posible que en este monumento destinado a contener un barco en su interior se haya podido representar en sus paredes una cantidad tan grande como 1200 barcos. Apenas cabrían. Ahora bien, una de las hipótesis más interesantes (que podría explicar algunas cuestiones que parecen casi imposibles en el relato) manejadas desde hace años por varios reconocidos expertos en griego clásico, y en Platón mismo, plantea que las cifras numéricas cuando pasan de una centena, fueron todas exageradas multiplicándose por 10, es decir, que en realidad la flota no sería de 1200 barcos sino de 120. 1 Del mismo modo, la llanura donde se encontraba la metrópolis concéntrica, que se describe como de 3000 estadios de longitud por unos 2000 estadios (531 x 354 km), en realidad sería de 300 x 200 estadios (unos 53 x 35 km, aproximadamente).

Esto implicaría una llanura más modesta, y con ello, la longitud del gran canal de 10 000 estadios (1770 km, aproximadamente) que rodeaba toda esa llanura no parecería ya tan imposible, siendo entonces de tan solo unos. De paso, el tamaño mismo de la isla quedaría reducido a unas dimensiones que encajarían con varias de las mejores islas candidatas a ser la isla de Atlantis y que desde hace miles de años se encuentran sumergidas en el Atlántico, justo enfrente de Gibraltar, entre Iberia y Marruecos. Yo he planteado una hipótesis en la cual todas las cifras, desde la más pequeña (no solo las que pasan de cien) fueron exageradas al doble.

Mi hipótesis es más satisfactoria al tener en cuenta todas las cifras, y no solo algunas. Esto implicaría caer en una falacia de sesgo. Y me baso en algunas pistas que se aprecian en el mismo texto del Critias, como por ejemplo, la cantidad de nereidas dentro del palacio de Poseidón que se dice eran 100, pero en las más antiguas tradiciones griegas eran solo 50, justo la mitad. Mientras que el carro de Poseidón va tirado por 6 corceles alados. De nuevo podría tratarse de una multiplicación, en este caso en factor de dos, pues en la mayoría de las representaciones griegas conocidas se representaban dos caballos o hipocampos tirando del carro de Poseidón, especialmente en las más antiguas, pero más tarde se llegó a representar el doble, o sea, cuatro. Solón -o Platón mismo- podría haber añadido dos corceles más.

También los mismos diez hijos de Poseidón y Kleitoós que son descritos como hermanos gemelos (símbolo de lo dual) nacidos en cinco partos, o sea, en cada parto dos hijos. Se podrían haber distribuidos los hijos de Poseidón de otro modo, por ejemplo, en solo dos partos de cinco hijos, manteniéndose asió el factor de exageración o mutilación por el doble, pero habría resultado muy poco creíble. También se podrían haber repartido los diez hijos en un solo parto cada uno, sin duda más creíble, pero no se habría podido aplicar el factor dual o de multiplicación por dos. De modo que la elección de cinco partos de gemelos para sumar los diez hijos de Poseidón y Kleitoós que regirían después los diez reinos (uno por cada región), parece la mejor opción si la idea era mantener un factor dual o de múltiplo por lo doble.

En ese caso, cada provincia o reino de la isla tendría que haber aportado 10 barcos para asió lograr la suma total de 120 barcos que debió tener la flota naval de la Atlántida. Asió, la mitad de los diez hijos y de los diez reinos es cinco. Los recintos circulares concéntricos de la metrópolis suman cinco (tres fosos de agua y dos anillos de tierra), justo desde su entrada real, al final del canal que venía desde el mar, mientras que cinco son también los estadios del diámetro de la isla-acrópolis central que quedaba rodeada en el centro por los cinco recintos circulares. Mientras que las medidas de la llanura 3000 x 2000 estadios (ya sean millares o centenas) presentan el factor 3 x 2. El mismo factor que vemos en los 3 fosos o canales circulares concéntricos, alternados con 2 anillos de tierra o espacios inter-fosos.

Por tanto, según la argumentación de los que han defendido la hipótesis de la multiplicación por diez, el número real de barcos de la flota naval atlante sería de 120. Justo la misma cantidad que se ha conservado en este monumento de los tiempos de Sesostris III, o sea, de la misma época en la que surgen los primeros mapas con la remota y occidental “isla de los Dioses” representada enfrente justo de un estrecho que bien podría ser el mismo de Gibraltar (Columnas de Hércules), y comenzando en un golfo que bien podría ser el mismo Golfo de Cádiz, en medio de lo que podrían ser Iberia y Marruecos. Habrá que estudiar mejor el lugar, y esperar a ver si realmente aparecen más barcos en fragmentos de estuco que puedan estar debajo enterrados. Con un poco más de suerte quizás hasta aparezcan textos escritos que puedan arrojar más pistas.

De momento, ‘a priori’, mi hipótesis es que estamos ante una evidencia más de la misma tradición que los egipcios conservaron hasta los tiempos en que Solón visito Egipto, y que estos 120 barcos (sea la cantidad total representada, o no) podrían estar representando -simbólicamente- la grandiosa flota de barcos de la expedición colonizadora de los atlantes. Quizás solo fueran 120 barcos atlantes, o poco más, y con el tiempo se iría exagerando la cantidad de barcos, aunque no descarto que la exageración sea obra de Solón, o incluso del mismo Platón, como de hecho sostiene Plutarco tras haber consultado los archivos egipcios. En cualquier caso, siendo incluso correcta la tradición de que la flota naval atlante era de 1200 barcos, resultaría más que lógico que los escribas de Sesostris III decidieran representar tan solo 120 barcos (o poco más) como síntesis de las 1200 naves atlantes, ante la imposibilidad de representar 1200 en el espacio o superficie dibujable de este monumento.

Resulta obvio que 1200 barcos no cabrían. No hay más que ver lo muy ajustado que ya están los que se pueden apreciar, y no veo espacio suficiente para otros cien barcos, quizás menos.

Una prueba indiciaria interesante de que quizás estemos ante una representación de una tradición similar a la parahistoria o leyenda de la Atlántida creo haberla hallado en un detalle publicado de un sector de los barcos. Se trata de una escena en la que se lo que a todas luces parece un équido, probablemente un caballo a juzgar por su porte, la altura de las patas y la cola. La cuestión es que el caballo no fue conocido por los egipcios hasta varias dinastías después con la invasión de los Hykssos o Hicsos como se escribe en castellano, es decir, como mínimo hasta la Dinastía XVI.

Esto se comprueba en los textos jeroglíficos mismos, donde no existe ni representación de un caballo ni denominación para el mismo hasta tiempo después de los Hicsos. Pero resulta que según lo narrado por los sacerdotes egipcios a Solón, en Atlantis había caballos desde los orígenes mismos. De hecho, uno de sus reyes tenía un nombre que Solón tradujo al griego justo como Elasippos, o sea, “El jinete” o “El que doma caballos”.

Esta pista parece haber pasado inadvertida, pues nada se ha comentado sobre ella. Creo que el autor de esta escena represento lo mejor que pudo (sin olvidar que son meros grafitos delineados, o sea, muy simplificados y estilizados) el équido de acuerdo a la noticia que tenía de estos animales asociados a la civilización de los atlantes.

Véase el posible équido (¿caballo?) a la izquierda y un poco a la derecha (si no es mera pareidolia) encima de lo que parece una barca (justo por debajo de los remos del barco superior) una figura que recuerda a un lobo o león marino, animal tópico de los mares atlánticos; aunque podría tratarse de una foca monje que sí habita en el Mediterráneo.

En cualquier caso, estos animales marinos -hasta donde sabemos- han sido ajenos por completo a la civilización egipcia que jamás le represento en jeroglíficos ni se refirió a estos de ningún modo, ni se han sido hallados entre los restos de la dieta alimenticia de los egipcios ni entre los numerosos animales que momificaron. Por otra parte, si consideramos la posibilidad de que el trazo simple en forma de media luna no es realmente un barco (de hecho no lo parece), o incluso que siéndolo sea una superposición, nos queda que la posible foca o lobo marino en realidad está encima de lo que parece una roca. Una manera ideal de representar a estos animales cuando son observados desde un barco que está navegando cercano a las costas donde estas habitan. Al fondo se observa lo que parecen ser dos o tres montes con un valle en medio. Justo con dos montanas o dos dunas, y también con tres, representaban los egipcios el concepto de montaña o lugar montañoso.

Junto a estas posibles montanas se aprecia algo elevado como un gran mojón, menhir o columna ¿acaso una representación simbólica del estrecho de las Columnas de Hércules? Tal como se indica en el relato del Critias los atlantes se internaron en el Mediterráneo cuando decidieron expandirse atravesando el estrecho de las Columnas de Hércules. De modo que este sector del mural parece estar narrando una expedición de barcos que viene desde un país montañoso situado junto a una especie de gran columna, donde habrían animales que parecen caballos y otros que parecen focas o lobos marinos.

Pero hay más pruebas indiciarias en este mural a favor de mi hipótesis. Pruebas indiciarias que apuntan a que muchos de los barcos representados podrían no ser egipcios. Estas pruebas las he hallado en mascarones o prótomos que tienen forma de équido y alguno quizás de anade que como acroteriones suelen representarse en las proas, pero a veces también en las popas, mirando hacia proa. Los barcos egipcios de estos tiempos no tenían prótomos de cabeza de animales.

Se conocen unos pocos ejemplos muy posteriores, de tiempos de los ramésidas, y el único animal que los egipcios colocaron como proótomo o mascarón de proa en sus barcos fue el león. Exactamente la cabeza de un león. Hay otros pocos casos más recientes, de los tiempos tardíos, de barcas sagradas usadas en procesiones donde esta presenta el proótomo de un cáprido relacionado con la divinidad de culto.

La costumbre de representar cabezas de anades en prótomos de barcos se ha observado solamente entre los “Pueblos del Mar” (no mencionados ni representados por los egipcios hasta mucho después) y en el pueblo pretartésico o proto-tartésico que vivió en el Suroeste de Iberia y que dejó testimonio de barcos con prótomos en forma de ánade en el mismo mapa rupestre petrográfico donde he descubierto que se pudo haber representado la isla Atlantis con su capital circular concéntrica.

Prótomos en forma de cabeza de caballo sólo se conocen entre naves fenicias antiguas, y se describen en fuentes clásicas como un sello distintivo de las naves gaditanas. Son los denominados hippoi (forma plural del griego hippos, ‘caballo’).

Veamos algunos detalles ampliados y ligeramente optimizados. Ejemplos de acroterión en forma de équido (caballo). 

Otros ejemplos de acroterión en forma de équido (caballo). Barco con acroterión en forma de équido (caballo).

Compárese con dos de los barcos (con círculo rojo) de la flota representada en la recieón descubierta “tumba del barco” de Sesostris III. En fin, que esta es la hipótesis que os presento, y una buena manera de someterla a comprobación sería mediante el hallazgo de algún texto en el mismo sitio o en otro lugar, pero de la misma época de Sesostris III, donde (además de los mapas ya citados) se hiciera referencia a tales barcos y su procedencia, y se hablara de alguna expedición de alguna nación extranjera del occidente. Algún texto de este tipo podría ayudar a verificar la hipótesis, ya sea para confirmarla como para descartarla por completo. Como siempre alego, la búsqueda honesta de la verdad histórica, esté donde esté, sea cual sea, y caiga quien caiga, es lo único que mueve mi fuero interno.

 

Alejandro Vega Ossorio

Director técnico de Corporación Planetarios.

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